
Hay una enfermedad ocular que avanza en silencio; cuando empieza a sentirse; ya perdimos un terreno valioso que no se recupera. Se llama glaucoma, afecta actualmente a más de 80 millones de personas en el mundo y está catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la primera causa de ceguera irreversible a nivel global.
Un daño que no se ve, hasta que es demasiado tarde

El glaucoma afecta el nervio óptico; es decir, el “hilo” que lleva la información visual desde el ojo hasta el cerebro, de forma progresiva y silenciosa. La persona suele seguir viendo «normal» durante mucho tiempo, y eso debido a que el cerebro compensa la pérdida gradual de campo visual. El gran peligro radica en su carácter asintomático: la OMS estima que al menos el 50% de las personas que padecen glaucoma no saben que lo tienen; una cifra que en regiones con menor acceso a la salud puede llegar hasta el 80%. En el momento que aparecen los primeros síntomas evidentes, el daño ya no tiene reversa.Por eso, un examen visual de rutina para medir la agudeza visual (es decir, leer las letras en una cartilla), aunque es necesario, no es suficiente para detectarlo a tiempo. Se requiere una tecnología capaz de ver más allá de la superficie: la estructura profunda y real del nervio óptico.
El gran desafío es: ¿cómo podemos adelantarnos a un daño que ocurre en la estructura interna de nuestros ojos sin que lo notemos? Afortunadamente, la ciencia médica tiene una respuesta tecnológica que está salvando la visión de miles de personas a través de una precisión milimétrica. En la segunda parte de esta nota, te contaremos acerca de «Tomografía OCT: El examen que salva tu visión del glaucoma».
Tengas 30, 50 o más de 60 años, si hace tiempo no te haces un control especializado o hay antecedentes de glaucoma en tu familia, tu salud visual no puede esperar.